Justamente en relación al primero de los textos que siguen, sobre la “filosofía pirata”, tengo la enorme suerte de frecuentar institutos públicos desde 2023. La escuela se me aparece a día de hoy como un “microcosmos” que reúne condensadas las tendencias que configuran el mundo común y compartido: precarización, un cotidiano acelerado, la falta de tiempos y espacios para el pensamiento, la automatización como respuesta.
¿Quiénes son esos chicos que acuden hoy a diario a la escuela? ¿En qué sentido son los mismos de siempre, en qué sentido sus heridas y malestares nos hablan de un mundo nuevo? La tentación de la queja es omnipresente: “nada es lo que era” (ni la escuela, ni los chicos, ni el respeto a los profesores, ni la atención, ni el espacio del aula). Pero si es verdad que “allí donde hay deseo, hay atención” (Simone Weil), ¿no será que el déficit de atención dice algo antes de la escuela que de los chicos?
El amor irreductible de algunos profes y (sobre todo) de algunas profas inventa, contra viento y marea, ocasiones y oportunidades para la escucha y la conversación. Es ahí, me parece, donde la escuela se reinventa cada día, se reinventa y no revienta, se reinventa para no reventar en el queme del deseo y de las ganas.
- Piratear la filosofía: cuatro calas para el abordaje
- La protocolización de la vida y la escuela
- Adolescencia: el fracaso de la mirada adulta
- La masculinidad rota: entre reacción y transformación
- ¿Qué es un espacio de deseo?
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